lunes, 4 de abril de 2011

Respirar bien es vivir bien


Según la definición del diccionario, respirar es el hecho de Absorber y expulsar el aire por los seres vivos tomando parte de las sustancias que lo componen. Respirando nos mantenemos vivos. Es seguramente el concepto más trivial, a la vez físico, mental y espiritual que hay.
¿Te has parado alguna vez a pensar que es para ti respirar? Puede ser algo natural, banal..

Pero para los que practican la meditación, los deportistas o los profesionales de la gestión del estrés, respirar es mucho mas. El hecho de respirar se convierte en la función vital por excelencia.

Para los griegos de la antigüedad, la respiración era el mediador entre el alma y el cuerpo. Para los místicos Indios y chinos, desde hace mas de cinco mil años, con la luz y la alimentación, el aire es una fuente esencial de energía.

Así pues, es posible de aumentar considerablemente nuestra energía si respiramos correctamente. Una buena respiración es la vida, pero más allá nos puede ayudar a mejorar nuestra calidad de vida.

Esta calidad de vida nos interesa

Sí, a priori, respirar es un acto banal, respiramos sin pensar. A eso se llama función vegetativa. La respiración es la única función vital dependiente del sistema neurovegetativo que el hombre puede dominar. La función respiratoria participa a la regulación del sistema nervioso y a la circulación sanguínea, por lo tanto no cabe duda que tiene una importancia capital al nivel fisiológico. De un punto de vista psicológico, la relación entre la respiración y el estado emocional es demostrable. Se comprobó que cuando el nivel de ansiedad aumenta, la frecuencia respiratoria se vuelve más rápida y superficial. Ese estado se llama la polipnea. La polipnea agrava la situación recargando los síntomas ansiosos (ritmo cardiaco acelerado, sudores, temblores..).

Conocer su enemigo

Las tensiones, el estrés excesivo, la sociedad de consumición, tener siempre mas, ir cada vez más rápido, más alto, las emociones no controladas, las heridas sin resolver…. Todo eso contraen los músculos de nuestro abdomen y nos obligan a respirar por la parte superior. La respiración se vuelve torácica y superficial. La falta de tono puede también derivar de una mala oxigenación del organismo y de una eliminación insuficiente de los desechos gaseosos. Por lo tanto, tendremos que aprender o más bien reaprender a respirar por el abdomen, para que esta práctica sea voluntaria y consciente.

Inspirar… Soplar

El hecho solo de llenar nuestros pulmones para luego expulsarlo no es suficiente para una buena respiración. En promedio respiramos unas 15 000 veces al dia. ¡No es nada! Valdría la pena de esforzarse un poco con algunas de ellas de forma consciente y ampliamente con el fin de aprovechar plenamente sus beneficios. Liberémonos de nuestras costumbres para convertirnos en el jefe de orquestra de nuestra respiración y aprendemos a respirar de forma consciente.

Como cada aprendizaje, se mejor si nos iniciamos de forma progresiva. Quizás sería bueno de empezar a practicar los siguientes ejercicios cuando todo va bastante bien, o sea fuera de periodos de estrés o situaciones con tensiones, y poco a poco generalizarlos a los momentos más difíciles.

Ojo

Puede que practicando estos ejercicios te marees un poco. Nada raro, tranqui, son reacciones corporales normales, cuando uno no tiene costumbre. Pero en todo caso, si nos acercamos demasiado a un principio de hiperventilación, lo mejor sería volver a nuestra respiración natural.

Primer ejercicio : Tomar consciencia de su respiración.

Túmbate adoptando una posición cómoda y cierra los ojos. Y ahora simplemente vuelca tu atención hacia tu respiración y repita a ti misma todo el rato “nada por hacer, solo dejar hacer”……

Una vez que notas como la calma se instalo en ti, sigue concentrado en tu respiración, dejándola ir naturalmente. Mentalmente siga su recorrido. Fíjate como entra el aire por tus narices hasta tus pulmones, como va de tus pulmones a las narices. Nota el cambio de temperatura del aire, sale mas caliente. Luego constata como se mueve tu cuerpo a cada respiración. Se dilatan las narices, la caga torácica se dilata, las costillas se levanta, el abdomen sube y baja….

La observación de la respiración es uno de los mejores modos para desarrollar la atención hacia su cuerpo.

Segundo ejercicio : Respirar por el vientre.

Hay dos tipos de respiraciones: la torácica y la abdominal. La respiración voluntaria debe ser abdominal. La parte superior de nuestro cuerpo no debe moverse, solo el abdomen se hincha y se deshincha lentamente. Es de este modo que respira el ser humano al estado natural. Tal como un recién nacido.

Túmbate y plaza una mano sobre el vientre, justo debajo del ombligo, y la otra encima del pecho. Respira como siempre. Constata como solo tu caja torácica se eleva. Ahora aprenderemos como respirar correctamente con el diafragma, de una forma cómoda, amplia y natural. Sería mejor si al principio te ejercitas tumbo/a en la espalda, ya que esta posición ayuda a relajar la musculatura abdominal. Más tarde, podrás respirar con el diafragma en cualquiera circunstancia, incluso caminando o corriendo.

Para estar comodo/a, quizás te tendrías que poner un cojín debajo de las rodillas para atenuar el empeine de la lumbar.

Cierra los ojos para mejor concentración y antes de empezar expira varias veces a fondo forzando unos suspiros para evacuar los “restos” de aire en tu cuerpo.

Cierra la boca y inspira por la nariz, hincha el vientre sin levantar los hombros. La expiración por la boca es lenta y profunda, mientras se aprieta poco a poco el vientre a dentro…. Luego de nuevo se hincha el vientre… se echa el aire…

Respirando de este modo, mejoras la oxigenación de las células y aumentas la evacuación de las células gaseosas. A demás, regularizas el ritmo cardiaco y alivia el estrés. Haz este ejercicio lo más a menudo posible, en el coche, al trabajo, en las colas del supermercado…

Tercer ejercicio : la respiración de recursos (a practicar cuando la respiración abdominal sea ya controlada)

Inspira hinchando el vientre, retenga el aire un instante y formula una frase corta o una palabra positiva (como paz, calma, bienestar…) y luego expulsando el aire, difusa la frase o la palabra por todo tu cuerpo y tu mente. Coge la costumbre de practicar esta respiración de 4 o 5 veces al dia durante 3 a 4 minutos. Notaras de forma casi instantánea los efectos positivos.

Thich Nath Hanh ha escrito « inspiro, mi cuerpo se relaja; expiro, sonrío, soy consciente del presente; el presente es un momento maravilloso….”

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